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viernes, 27 de diciembre de 2013

Franz Liszt: Poema Sinfónico







Un poema sinfónico es una obra extra musical de caracter poético literario, cuya finalidad es mover sentimientos y despertar sensaciones o describir una escena a través de la música. Generalmente consta de un único movimiento y está escrita para orquesta o pequeñas formaciones instrumentales. 

El término fue empleado por primera vez por Franz Liszt que escribió trece composiciones de este género. La música descriptiva fue sin dudas el mejor camino para transmitir obras literarias, ya fueran de carácter religioso, épico, literario, heróico o fantástico. Un poema sinfónico puede ser una obra en sí misma, o formar parte de un ciclo de poemas sinfónicos a modo de suite. 

Los poemas sinfónicos son una serie de trece obras orquestales del compositor húngaro Franz LIszt. Los primeros doce fueron compuestos entre 1848 y 1859, mientras que el último fue compuesto después de 1882. Estas obras ayudaron a establecer el género de la música programática orquestal . Sirvieron de inspiración para los poemas sinfónicos de Smetana, Antonin Dvorak y Richard Strauss. 

La llegada de la Revolución Industrial trajo cambios en el modo de vida de las clases trabajadoras de comienzos del siglo XIX. Las clases sociales bajas y medias comenzaron a interesarse por las artes que habían sido disfrutadas anteriormente en mayor medida por el clero y la aristocracia. La escena de la música europea sufrió una transformación en la década de 1840. Los conciertos públicos se convirtieron en una institución y el número de salas y locales donde se interpretaban se incrementó rápidamente. Los programas duraban a menudo tres horas. Las sinfonías de Mozart, Haydn o Beethoven normalmente abrían abrían o concluían los conciertos. 

El futuro del género sinfónico era dudoso. Mientras que muchos compositores continuaban escribiendo sinfonías durante la década de 1820 y 1830 había un sentimiento creciente de que dichas obras eran muy inferiores estéticamente a las de Beethoven. Sin embargo, Felix Mendelssohn, Robert Schumann y Niels Gade también obtuvieron éxitos con sus sinfonías. A pesar de todo los compositores cambiaban gradualmente a la forma más compacta de la obertura de concierto. Sirven como ejemplo las oberturas de Mendelssohn El sueño de una noche de verano (1826) y Las Hébridas (1830)




Franz Liszt, compositor húngaro, había intentado escribir en 1830 su Sinfonía Revolucionaria. Sin embargo, a comienzos de su vida adulta centró su interés principalmente en su carrera como intérprete. En 1847 era  famoso en Europa como un virtuoso pianista. Las demandas para realizar conciertos se incrementaron y cada aparición pública del artista provocaba la demanda de otra docena de conciertos. Franz Liszt deseaba componer trabajos orquestales a gran escala, pero carecía de tiempo para hacerlo debido a sus viajes como virtuoso del piano. En septiembre de 1847 dio su último recital público como artistay anunció su retirada del circuito de conociertos, instalándose en Weimar, donde había sido maestro de capilla honorífico en 1842, para trabajar en sus composiciones. 

Liszt deseaba expandir las obras de un único movimiento más allá de la forma de obertura de concierto. La música de las oberturas pretende inspirar a los espectadores a imagirnar escenas, imágenes o estados de ánimo: el artista intentó combinar estas cualidades programáticas con la escala y complejidad reservadas para el movimiento inicial de las sinfonías tradicionales.  Para alcanzar sus objetivos necesitaba un método más flexible que la forma sonata para desarrollar temas musicales que debían preservar completamente la unidad musical de la composición. 

Liszt encontró su método a través de dos temáticas compositivas que usó en sus poemas sinfónicos. La primera de ellas fue la forma cíclica, un procedimiento establecido por Beethoven en el que no solo se unen ciertos movimientos sino que en realidad uno refleja el contenido de los demás. Llevó esta técnica un paso más allá combinando movimientos separados en una estructura cíclica de un único movimiento (siendo el poema sinfónico Los Preludios uno de sus mejores ejemplos). La segunda fue la transformación temática, un tipo de variación en que se cambia el tema a algo nuevo, separado e independiente. El compositor húngaro solía tecortar secciones cuyo desarrollo musical era convencional y en cambio preservaba las secciones con transformación temática.

Lo particularmente impactante de los poemas sinfónicos de Liszt es el acercamiento a la forma musical. Como estructuras puramente musicales, los poemas sinfónicos no siguen una presentación y desarrollo estrictos. En lugar de ello siguen un patrón episódico aproximado, en el que los motivos (melodías recurrentes asociados a un tema) son transformados temáticamente de una forma similar a la que hizo famosa posteriormente a Richard Wagner. Los temas se deslizan hacia unos patrones nuevos e inesperados y tres o cuatro estructuras de movimiento convergen en una sola, en un proceso continuo de experimentación creativa. 




Construyó sus composiciones de diferentes secciones musicales que no tenían, en ocasiones, ni comienzos ni finales claros. Esbozó las secciones, a veces sin completar la tonalidad, en un pequeño número de pentagramas con alguna indicación de la orquestación. Una vez que sus ayudantes habían desarrollado las ideas de Liszt y habían proporcionado una partitura de nivel aceptable, el propio compositor realizaba las revisiones correspondientes, trasladaba secciones a fin de formar relaciones estructurales diferentes y modificaba los materiales conectivos o los componía nuevamente. Después de muchas etapas de composición, ensayo y revisión podía obtener una versión equilibrada y con la que se sentía satisfecho. 

Tasso, basada en la vida del poeta italiano del siglo XVI, Torquato Tasso, es un ejemplo perfecto, tanto del método de trabajo de Liszt como de sus logros basados en una turbulenta experimentación. La versión de 1849 seguía el esquema de una  obertura tradicional dividida en una sección lenta (Lamento) y una rápida (Triunfo). La obra es, en realidad, un conjunto de variaciones sobre una melodía sencilla (se trata de un himno popular que un gondolero veneciano le cantó al compositor húngaro a finales de los años 1830. 

Liszt proporcionó prefacios escritos para nueve de sus poemas sinfónicos. Conocía la afición del público en unir las historias a la música instrumental. En un gesto previsor dio contexto antes de que otros pudieran inventar algo en su lugar. Tenía una visión idealizada de sus poemas sinfónicos como algo evocador. Por lo general centró más su atención en expresar ideas poéticas mediante el establecimiento de una atmósfera o estado de ánimo, evitando la descripción narrativa o el realismo pictórico.

Las nuevas obras de Liszt no tenían un éxito de público garantizado, especialmente en las ciudades en las que los oyentes estaban acostumbrados a programas de música más conservadores. Aunque tuvo un considerable éxito con Prometro y Orfeo (1855), el ambiente para Los Preludios y Tasso, lamento y triunfo, que se representaba en Berlín fue más frío. Su representación de Mazeppa dos años más tarde en Leipzig casi fue detenida por los silbidos de la audiencia. En la actualidad, a excepción de Los Preludios, ninguno de sus demás poemas sinfónicos fue incluido en el repertorio habitual de las orquestas. 

En orden cronológico, los Poemas Sinfónicos son los siguientres: 


  • N° 1: Lo que se escucha en la montaña (1848 - 1849), inspirado en el poema Feuilles d'autonne (Hojas de otoño) de Victor Hugo
  • N° 3: Los Preludios (1848), inspirado en la oda homónima de Alphonse de Lamartine y musicalmente basada en la cantata de Liszt Les quatre elements (Los cuatro elementos,1845)
  • N° 2: Tasso, lamento y triunfo, basado en el poema Tasso de Lord Byron
  • N° 5: Prometeo (1850). En un principio pensado como obertura el Prometeo Liberado de Johann Gottfrird Heder
  • N° 8: Heroida fúnebre  (1849/50), basada en el primer movimiento de la inacabada Sinfonía Revolucionaria de 1830
  • N° 6: Mazeppa (1851), basado en el poema homónimo de Victor Hugo
  • N° 7: Sonidos de fiesta (1853)
  • N° 4: Orfeo (1853/54)
  • N° 9: Hungaria (1854)
  • N° 11: La batalla de los hunos (1856/57), basado en la pintura de Wilhelm von Kaulbach
  • N° 12: Los ideales (1857), basado en el poema de Friedrich Schiller
  • N° 10: Hamlet (1858) basada en la obra homónima de Shakespeare
  • N° 13: De la cuna a la tumba (1881 - 1882)


 



 

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