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sábado, 24 de agosto de 2013

Edgar Allan Poe



Poeta, narrador, periodista y ensayista estadounidense nacido en Boston el 19 de enero de 1819 y fallecido en Baltimore el 7 de octubre de 1849. Máximo exponente del Romanticismo en las letras norteamericanas, dejó una espléndida producción creativa y una lúcida obra teórica que anticipan algunos de los grandes movimientos y corrientes de las letras y de las artes universales, como la asimilación del simbolismo en el discurso poético o el auge de la novela negra y los géneros del misterio y terror en la prosa de ficción. A pesar de estas intuiciones geniales y de la indiscutible calidad de sus escritos en verso y en prosa, la obra de Edgar Allan Poe no fue bien entendida por sus compatriotas hasta que, muchos años después de su trágica y prematura desaparición, algunos de los grandes escritores simbolistas europeos (con Baudelaire, Mallarmé y Válery a la cabeza) reinvindicaron sus aciertos, ya en el siglo XX los estudios que le dedicaron otros poetas, sumados al interés que despertó su figura y su obra entre los psicoanalistas seguidores de Freud, contribuyeron definitivamente a elevar a Edgar Allan Poe a la categoría de arquetipo universal de escritor romántico atormentado y sombrío, precursor de la figura del poeta maldito que habría de abundar en Europa a finales del siglo XIX y comienzos de la siguiente centuria.

Nació en el seno de una familia poco convencional (sus padres eran unos modestos cómicos ambulantes), y con tan solo dos años de edad comenzó a experimentar, a raíz del abandono del que fue objeto por su progenitor, la larga serie de desgracias y dificultades que habrían de jalonar su breve y penosa existencia.Acogido entoncen en casa de un adinerado comerciante de Richmond (Virginia) que ni siquiera se molestó en formalizar legalmente su adopción, tuvo una infancia triste y traumática, afectada por el rencor que le producía el recuerdo de su padre y por la posesiva reaparición, en su subconsciente, de su madre, muerta cuando el pequeño Edgar aun era un niño de muy corta edad. A lo largo de toda su vida esta ausencia materna lo atormentó hasta el extremo de fijar en su mente la idea de que la belleza y la bondad están destinadas irremediablemente a una precoz desaparición.

En 1815, cuando apenas contaba con seis años de edad, John Allan, su peregrino tutor y antiguo amigo de sus padres, se trasladó con los suyos a Inglaterra, donde el futuro escritor comenzó a recibir una formación académica elemental que, cinco años después, nuevamente en suelo norteamericano, completó en las escuelas secundarias de Richmond. En 1820, el joven mostraba una notable predisposición hacia el estudio de la cultura clásica que había conocido en Inglaterra. Los dotes intelectuales del joven que comenzaba a mostrar una acusada inclinación hacia el cultivo de la creación literaria, no pasaron inadvertidos por John Allan quien facilitó su ingreso a la Universidad de Virginia, pero ya por aquel entonces la vida bohemia y disipada del joven había generado bruscos roces entre él y su padre adoptivo, quien decidió no hacerse cargo de las cuantiosas deudas dejuego contraidas por el futuro escritor.

Tras la ruptura definitiva con su familia de adopción el joven Poe, inmerso en una agitada espiral de juego y alcohol que habría de acelerar su drástico fin, se trasladó a Boston y comenzó a frecuentar los círculos intelectuales y artísticos de su ciudad natal, donde pronto se dio a conocer como poeta merced a la publicación de Tamerland and other poemas (Tamerlán y otros poemas, 1827), opera prima en la que se mostraba como un poeta romántico, inequívocamente europeo, y en cierto modo , como ese juglar extraño y desarraigado que creyó ver en él la sociedad americana de su época, en la que jamás llegó a ser admitido como un escritor propio.




Complacido por la imagen de poeta maldito que estaba logrando consolidar, Edgar Allan Poe decidió huir de los foros literarios y la vida social en Boston, para alistarse, a finales de los años veinte, en el ejército de su nación. En 1830, su paso por la severa y prestigiosa academia militar de West Point, fue tan fugaz y esperado en una personalidad confusa y atormentada como la suya, ya que al cabo de unas semanas fue expulsado por graves infracciones disciplinarias. Truncada su pasajera vocación militar, volvió a entregarse de lleno al cultivo de la creación literaria, ahora atraído por el complejo género del relato breve, al que pronto habría de aportar algunas de las obras maestras de la literatura universal.

Instalado en Baltimore, a mediados de los años treinta coincidió la aparición de sus primeros cuentos en el rotativo Courier, con la llegada a la ciudad de su tía, María Clemm y su joven hija, Virginia. Por aquel entonces el autor bostoniano se ganaba la vida como periodista en una estable situación profesional que quedó apuntalada en 1835 por su ingreso como redactor en la plantilla del Southern Litrary Mesenger. Al año siguiente contrajo nupcias con su prima Virginia Clemm y se entregó a un fructífero período de creatividad literaria en el que escribió algunos de sus mejores cuentos y poemas, publicados en periódicos y revistas y recogidos, a partir de 1840, en algunos de sus libros más celebrados por críticos y lectores.

Vivía entretanto de los beneficios que le producían sus artículos periodísticos, sus escritos de crítica literaria y sus relatos de ficción, algunos de los cuales le granjerron, en los años cuarenta no solo fama y prestigio como creador, sino también suculentos dividendos, como fue el caso de The gold bug (El escarabajo de oro, 1843), sin embargo, su irremediable inclinación a la bebida y su tendencia a caer en los reclamos del juego, llevaron al matrimonio a pasar grandes privaciones durante largos períodos, sin que las considerables sumas de dinero que recibió el escritor en diversos momentos de su trayectoria profesional bastaran para cubrir los gastos que le acarreaba su vida desordenada. Al tiempo que escribía algunas de las obras más destacadas de las Letras estadounidenses de todos los tiempos, Edgar Allan Poe acusaba, cada vez con mayor virulenia el pernicioso efecto de los traumas y obsesiones que lo acompañaban desde la infancia, seriamente agravados, desde su entrada a la edad adulta, por atribuladas inquietudes de naturaleza existencial.

En medio de esa peligrosa inestabilidad psíquica, el detonante que precipitó su acelerado derrumbe fue la muerte prematura de su esposa, desaparecida en 1847 cuando apenas contaba con un cuarto de siglo de existencia. Desolado por esa dolorosa pérdida el poeta bostoniano fue absorbido por el vértice de esa espiral caótica que lo conducía inexorablemente hacia su propia destrucción. Sus constantes obsesiones, agravadas por el consumo de alcohol, degeneraron en terribles alucinaciones que, a la vez, le empujaron hacia la soledad y la autocompasión, hasta que, cada vez más apartado del mundo y encerrado a solas con sus propios demonios, al amanecer de un frío día de octubre de 1849 apareció sin sentido en una calle de Baltimore en la que había quedado tendido la noche anterior, víctima de un delirium tremens provocado por la bebida. En ningún momento tuvo la lucidez suficiente para explicar de forma coherente como había llegado a ese estado. 

Gran parte de la información existente sobre los últimos días de vida del escritor provienen del doctor John Joseph Moran, el médico que lo trató en el Wahington College Hopital, donde falleció el 7 de octubre de 1849. 




En su condición de poeta, el escritor  se dio a conocer por medio de las composiciones románticas de Tamerland and other poemas (1827). Aun habrían de transcurrir varios años antes de que Poe encontrara su propia, personal y auténtica voz poética, como quedó patente tras la publicación de Poemas: Second Edition (Poemas: Segunda Edición, 1831), en la que las influencias de los poetas ingleses contemporáneos no se reducen al legado byroniano, sino que abarcan también la producción de otros grandes maestros universales del romanticismo.

Fue a raíz de la publicación de The Raven and other poems (El Cuervo y otros poemas, 1845) cuando Edgar Allan Poe sentó las bases de una poesía original que, al cabo de un tiempo, sería estudiada como la más importante de la lírica norteamericana del siglo XIX hasta la irrupción de Walt Whitman. En la larga composición que da título a este volumen el poeta de Boston dejó plasmado un complejo drama interior que, en su riqueza y variedad temáticas, incluye elementos reales del exterior, ingredientes psicológicos de los personajes y sombríos trazos sobrenaturales, lo que permite al lector optar por una valiosa multiplicidad de lecturas que comprende desde el significado literal de la historia narrada, hasta las sugerencias brindadas por la naturaleza simbólica de algunos de los materiales empleados en la construcción del poema. Surge asó en The Raven  por primera vez en la literatura escrita en lengua inglesa, un nuevo significado de los signos lingüísticos que, a medio camino entre la representación y la sugestión, estaba anticipando el Simbolismo que en la segunda mitad del siglo XIX, habrían de explotar, con notable acierto, algunos poetas franceses. 

Idénticas características reaparecen en sus restantes poemas, entre los que hay que subrayar algunas joyas de la lírica universal como Ulalume (1847), o Annabel Lee (1849), así como otras composiciones tan relevantes como Eulalia, A Helen o El Valle del Desasosiego. Conviene recordar que todas estas creaciones líricas no merecieron los elogios de la crítica anglosajona, que en un principio recriminó a Poe su búsqueda constante  de la musicalidad y su exceso en artificio narrativo en la invención (defectos que estaban preludiando lo que luego serían algunas de las mayores virtudes del Modernismo). Sin embargo, tras las traducciones al francés realizadas en la segunda mitad del siglo XIX, tanto la crítica europea como la norteamericana se rindieron a la evidencia de que la exacta y rigurosa arquitectura verbal de los poemas de Edgar Allan Poe, así como su extraordinario vigor sugestivo, habían trazado algunos de los senderos más transitados luego por los poetas de todo el mundo.

La única novela extensa escrita por quien habrá de revelarse como uno de los grandes maestros universales en la técnica del relato breve lleva por título The Narrative of Arthur Gordon Pym (La narración de Arthur Gordon Pym, 1838). Se trata de la realización de un viaje marítimo en busca del Polo Sur, argumento que, en el fondo, no era sino un pretexto para que Poe pusiera en práctica una de las más célebres consideraciones teóricas acerca del hecho literario: la de la gratitud del arte o, dicho de otra manera, la de la escritura como artificio que crea un espacio en el que la literatura no es un medio, sino un fin en sí mismo. 




Este procedimiento que convierte personajes, espacios y situaciones en signos de un nuevo lenguaje del misterio insondable del horror y las profundidades ignotas de la psique dará sentido a toda la producción narrativa de Edgar Allan Poe, presente de nuevo en los anaqueles de las librerías estadounidenses bajo el título de Tales of the grotesc and the arabesque (Cuentos de lo grotesco y lo arabesco, Filadelfia, 1840). Entre las páginas de esta recopilación de narraciones breves aparecieron algunos de los cuentos más célebres del escritor, quien se encargó algunos años después de ofrecer una relación personal de sus mejores relatos. Siguiendo su propia catalogación, entre sus cuentos de terror habrá que destacar los titulados Ligeia, William Wilson, The tell-tale heart (El corazón delator), The black cat (El gato negro) y The fall of the house of Usher (La caídade la casa Usher), este último considerado como una de las narraciones más terroríficas de la literatura inglesa. 

En la enumeración de los mejores relatos que, según sus propios criterios de lectura, habían salido de su pluma, el escritor estableció un segundo apartado de cuentos policiales, en los que resulta obligado detenerse para analizar la singularísima figura de August DUpan, un investigador-artista creado por Edgar Allan Poe, mitificado de inmediato por los lectores más intelectualizados y considerado actualmente como el primer gran detective de la moderna novela policíaca. Lo encontramos en Murders in the Rue Morgue (Crímenes en la Calle Morgue), The purloined letter (La carta robada) y El Misterio de María Roget. Edgar Allan Poe dejó codificadas algunos de los tópicos y motivos que pronto habrían de definir uno de os géneros más populares de la literatura universal: un detective o investigador que actúa siguiendo un procedimiento deductivo, unos personajes inocentes que, durante buena parte de la obra, concitan sobre sus figuras graves sospechas, un crimen cometido en un recinto cerrado y reducido, en la que parece imposible que pueda darse una situación delictiva, etc.

Además de estos cuentos cuya calidad literaria quedó resaltada por el propio autor, conviene recordar otros relatos de Edgar Allan Poe, tan dignos de elogio como The man of the crowd (El hombre de la multitud), en el que resultan esclarecedoras las intuiciones del escritor de Boston sobre la futura vida en las grandes ciudades o, The devil in the belfty (El diablo en el campanario), donde su prosa vuelve a alcanzar cotas pocas veces coronadas por la narrativa gótica. De impresionante y sobrecogedor hasta su última línea puede tildarse El pozo y el péndulo en el que el autor norteamericano traslada a sus personajes hasta una España dominada y aterrorizada por la Inquisición, para relatar los suplicios a los que se ve sometido un hombre que ha sido condenado por este tribunal religioso. También ha causado pavor a varias generaciones de lectores La máscara de la Muerte Roja, un relato de resonancias clásicas en el que Poe se burla de los desesperados intentos del príncipe Próspero por escapar de la amenaza de la peste. 



Entre sus obras podemos mencionar los siguientes cuentos:

  • Metzengerstein (1832)
  • Manuscrito hallado en una botella (1833)
  • El Rey Peste (1835)
  • Berenice (1835)
  • Ligeia (1835)
  • La caída de la Casa Usher (1839)
  • El hombre de la multitud (1840)
  • El descenso al Maelström (1841)
  • Los crímenes de la calle Morgue (1841)
  • La máscara de la Muerte Roja (1842)
  • El pozo y el péndulo (1842)
  • El retrato oval (1842)
  • El escarabajo de oro (1843)
  • El misterio de Marie Rogêt (1843)
  • El gato negro (1843)
  • El corazón delator (1843)
  • La caja oblonga (1844)
  • La carta robada (1844)
  • El entierro prematuro (1844)
  • El demonio de la perversidad (1845)
  • La verdad sobre el caso del señor Valdemar (1845)
  • El sistema del Dr. Tarr y el profesor Fether (1845)
  • El barril de amontillado (1846)
  • Hop-Frog (1849)

Sus poesías: 

  • Tamerlane (1827)
  • A.... (1827)
  • Sueños (1827)
  • Espíritus de los muertos (1827)
  • Estrella del anochecer (1827)
  • Un sueño (1827)
  • El día más feliz, la hora más Feliz (1827)
  • El lago: A..... (1827)
  • Al Aaraaf (1829)
  • Soneto a la ciencia (1829)
  • Solo (1829)
  • A Elena (1831)
  • La ciudad en el mar (1831)
  • La durmiente (1831)
  • El valle de la inquietud (1831)
  • Israfel (1831)




  • El Coliseo (1833)
  • A alguien en el paraíso (1834)
  • Himno (1835)
  • Soneto a Sante (1837)
  • Balada nupcial a... (1837)
  • El palacio encantado (1839)
  • Soneto del silencio (1840)
  • Lenore (1843)
  • Tierra de sueños (1844)
  • El cuervo (1845)
  • Eulalie, una canción (1845)
  • Ulalume (1847)
  • Un sueño en un sueño (1849)
  • Annabel Lee (1849)
  • Las campanas (1849)
  • A mi madre (1849)

Su novela:



  • La narración de Arthur Gordon Pym (1838)

Sus aportaciones en el rubro de Ensayo y crítica fueron:

  • Filosofía de la composición (1846)
  • El principio poético (1848)
  • Eureka (1848)
  • Charles Dickens 
  • Longfellow
  • Hawthorne
  • Criptografía
  • Arabia pétrea
  • Marginalia (1844-49)



 

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