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sábado, 27 de octubre de 2012

La Novela (Primera Parte)



La novela es una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte y cuyo fin es causar placer estético a los lectores. Con la descripción o pintura de los sucesos interesantes así como de caracteres, pasiones y costumbres. La novela se distingue por su carácter abierto y su capacidad para contener elementos diverso de un relato complejo. Este carácter abierto ofrece al autor una gran libertad para integrar personajes, introducir historias cruzadas o subordinadas unas a otras, presentar hechos en un orden distinto a aquel en el que se produjeron o incluir en el relato textos de distinta naturaleza como cartas, documentos administrativos, leyendas, etc, dotándola aun de mayor complejidad.

Las bases de la novela son las siguientes: 

  • Una narrativa extensa: las novelas tienen, en general, entre 60.000 a 200.000 palabras, y de 300 a 1300 páginas o más
  • Es de ficción, lo que la hace diferente a otros géneros en prosa como la historia o el ensayo
  • En prosa, lo que la separa de los relatos ficticios extensos en forma rimada, aunque Eugenio Oniegin (Pushkin) se considera una novela aunque esté en verso 
Por el tono de la obra se clasifican en

  • Novelas satíricas
  • Novelas humorísticas
  • Novelas didácticas
Por su forma podemos encontrar: 

  • autobiográfica
  • epistolar
  • dialogada
  • ligera
Según su distribución:

  • Novela trivial
  • Superventas (también llamados Best Sellers)
  • Novela por entregas (folletinesca)
Por su contenido se dividen en: 

  • De aventuras
  • Bizantina
  • Caballeresca
  • Libro de caballerías
  • De ciencia ficción
  • Cortesana




  • Costumbrista 
  • De espías y thrillers
  • Fantástica
  • Gótica
  • Histórica
  • Morisca
  • Negra
  • Pastoril
  • Picaresca
  • Policial
  • Romántica
  • Sentimental
  • Social
  • De terror
  • Western

La novela es el más tardío de todos los géneros literarios. Aunque tiene precedente en la Edad Antigua, no logra implantarse hasta la Edad Media. Existen toda una tradición de largos relatos en verso, propios de tradiciones orales, como la Epopeya de Gilgamesh (tradición oral sumeria). Estos relatos épicos se dieron también en Grecia y Roma, encontrándonos con las primeras ficciones en prosa, como El Satiricón de Petronio. Por otra parte, dos géneros aparecen en la época helenística, las cuales se retomarán en el Renacimiento, dando origen a la novela moderna: la novela bizantina y la novela pastoril.

En Occidente (siglos XI y XII) surgieron los romances, largas narraciones de ficción en verso, escritos en lengua romance. Mientras, en los siglos XIV y XV aparecen los primeros romances en prosa: largas narraciones sobre temas caballerescos, lo que dio origen a los libros de caballería.

Conjuntamente a estos libros, aparecen, en el siglo XIV las colecciones de libros de cuentos, que tienen en Boccaccio y Chausser sus más destacados representantes. Solían recurrir a la historia dentro de la historia, de esta manera son los personajes los que relatan los cuentos. Por ejemplo, en el Decamenón, un grupo de peregrinos huye de la peste y se entretienen contándose historias de todo tipo. A finales del siglo XV aparece en España la novela sentimental, la obra más destacada  fue La cárcel del amor (1492) de Diego de San Pedro.

La difusión de la imprenta incrementó la comercialización de las novelas y los romances, aunque los libros impresos eran caros. Todo el siglo estuvo dominado por el subgénero de la novela pastoril, que situaba el asunto amoroso en un ambiente bucólico. Comenzó con La Arcadia (1502) de Jacopo Sannazo y se expandió a otros idiomas como el portugués o el inglés. No obstante, a mediados de siglo se produjo un cambio de ideas hacia un mayor realismo, superando a las novelas pastoriles y caballerescas, lo que se advierte en Gargantúa y Pantagruel de Rabelais y en La vida del lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554) de autor anónimo. 

Don Quijote de la Mancha (1605)  de Miguel de Cervantes Saavedra es considerada como la primera novela moderna de la historia, ya que innova respecto a los modelos clásicos de la literatura greco-romana, como la epopeya o la crónica. Se inició como una sátira de Amadis que había hecho que Don Quijote perdiera la cabeza. Fue la primera obra auténticamente anti-romance de aquel período, gracias a su forma que desmistifica la tradición caballeresca y cortés representa la primera obra literaria que se puede clasificar como novela




Con posterioridad al Quijote Cervantes publicó las Novelas Ejemplares (1613). Por novela se entendía en el siglo XVII la narración breve intermedia entre el cuento y la novela extensa. Las Novelas Ejemplares pretendían ofrecer un comportamiento moral, una alternativa a los modelos heroico y satírico, aunque han sido criticadas, ya que, en realidad proporcionaban ejemplos de acciones inmorales. 

Como respuesta a estas novelas dudosas apareció un romance más noble y elevado, con incursión al mundo bucólico, siendo La Astrea (1607 - 1627) de Honoré d'Ufré la más famosa. Veinte años más tarde Madame de la Fayette dio el paso decisivo, siendo su obra más conocida La princesse de Cleves (1678) en la que tomaba la técnica de la novela española adaptándola al gusto francés. Era una novela sobre una virtuosa dama, que tuvo la oportunidad de arriesgarse en un amor ilícito y no solo resistió a la tentación, sino que acrecentó su infelicidad confesando sus sentimientos a su marido. La melancolía que la historia creaba era nueva y sensacional.

A finales del siglo XVII se escribieron y divulgaron, sobre todo en Francia, Alemania y Gran Bretaña, novelitas francesas que cultivaban el escándalo. Los autores sostenían que las historias eran verdaderas y se narraba para dar lecciones morales. También comenzaron a aparecer colecciones de cartas que incluían estas historietas, y que llevaron al desarrollo de la novela epistolar.

El cultivo de la novela escandalosa dio lugar a diversas críticas. Se pretendió superar este momento con el retorno del romance, según lo entendieron autores tales como François Fénelon, famoso por su obra Télemaco (1699/1700). 

Las novelas y los romances de principio de siglo XVIII no eran considerados parte de la literatura, más bien se los veía como otro elemento para comerciar. El centro de este mercado estaba dominado por ficciones. Comprendía una gran cantidad de romances, y también una producción opuesta de romances satíricos. La novela había crecido con historias que no eran ni heroicas ni satíricas, más bien eran realistas, cortas y estimulantes con sus ejemplos de conductas humanas. 

Sin embargo existían dos extremos. Por un lado, libros que pretendían ser romances, aunque realmente no eran ficticios. Delarivier Manley escribió el más famoso de ellos, New Atlantis está llena de historias que, según la autora, eran inventadas. En el mismo mercado aparecieron historias privadas, creando un género diferente del amor personal  y batallas públicas sobre reputaciones perdidas. 




En sentido opuesto las novelas sostenían que eran estrictamente de no ficción, pero que se leían como novelas, así ocurrió con Robinson Crusoe de Daniel Dafoe, en cuya cubierta se advertía que se trataba de una historia, aunque su publicación no condujo directamente a la reforma del mercado de mediados del siglo XVIII.

La reforma en el mercado de libros inglés de principios del siglo XVIII vino de la mano de la producción de clásicos. En 1720 se reeditaron en Londres gran cantidad de títulos de libros clásicos, desde Maquiavelo a Madame de la Fayette. Las "novelas" de Aphra Behn habían aparecido en colecciones y la autora del siglo XVII se había convertido en un clásico. 

La interpretación y el análisis de los clásicos ponía a los lectores de ficción en una posición más ventajosa. Había una gran diferencia entre leer un romance perdiéndose en un mundo imaginario o leerlo con un prefacio que informaba sobre los griegos, romanos o árabes que habían producido títulos como Las etiópicas o Las Mil y una Noches, publicado por vez primera en Europa entre 1704 y 1715 en francés.

En la segunda mitad del siglo se afianzó la crítica literaria, un discurso crítico y externo sobre la poesía y la ficción. Se abrió con ella la interacción entre participantes separados: los novelistas escribían para ser criticados y el público observaría la interacción entre la crítica y los autores. La nueva crítica de finales del siglo XVIII implicaba un cambio, al establecer un mercado de obras merecedoras de ser discutidas, mientras el resto del mercado continuaría existiendo, pero perdería la mayoría de su atractivo público. Como resultado el mercado se dividió en campo inferior de ficción popular y una producción literaria crítica. Solo las obras privilegiadas podían discutirse como obras creadas por un artista.

En este mercado alto se desarrollaban dos tradiciones: obras que jugaban con el arte de la ficción, entre ellas Tristram Shandy de Laurence Stern, el otro, más cercano a las discusiones que prevalían y modos de su audiencia. El gran conflicto del siglo XIX, de si el artista debía escribir para satisfacer al público o para producir el arte por el arte aun no había llegado.

La ilustración francesa utilizó la novela como instrumento de expresión de ideas filosóficas. Voltaire escribió el cuento satírico Cándido o El optimismo (1759), contra el optimismo de ciertos pensadores. Poco después sería Rousseau quien reflejaría su entusiasmo por la naturaleza y la libertad en la novela sentimental Julia o la nueva Eloisa (1761) y en la novela Emilio (1762).

La novela sentimental se manifiesta en Alemania con Las desventuras del joven Werther de Goethe (1774), situándose a la cabeza del nuevo movimiento y forjó tal sentimiento de comprensión y compasión que muchos estaban preparados a seguir a Werther en su suicidio. En la misma época también se hizo popular Bernardin de Saint-Pierre con su novela Pablo y Virginia (1787), que narra el amor desgraciado de dos adolescentes en una isla tropical. 












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