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martes, 31 de julio de 2012

Cantar del Mío Cid


El Cantar del mio Cid es un cantar de gesta anónima que relata hazañas heroicas inspiradas libremente  en los últimos años de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz, el Campeador. Se trata de la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance y destaca por el alto valor literario de su estilo. Su composición data de alrededor del año 1200.

El Cantar del mío Cid es el único cantar épico de la literatura española conservado casi por completo. Se han perdido la primera hoja del original y otras dos en el interior del códice, aunque el contenido de las lagunas existentes puede ser deducido de las prosificaciones cronísticas, en especial de las Crónicas de veinte reyes. Además del Cantar del mio Cid, los cuatro textos de su género que han perdurado son: Mocedades del Rodrigo (escrita alrededor de 1370, con 1700 versos), el Cantar de Roncevalles (escrito alrededor de 1270), y una corta inscripción de un templo románico, conocida como Epitafio épico del Cid (se supone que fue escrita alrededor de 1400).


El poema consta de 3735 versos de extensión variable, aunque dominan versos de 14 a 16 sílabas métricas. Los versos están divididos en dos hemistiquios (mitad o fragmento de un verso que se mide como si sería un verso entero, separándose de la otra mitad por una pausa en la entonación). No existe división de estrofas y los versos se agrupan en tiradas, es decir, series de versos con una misma rima asonante.


Antes de proseguir, me detendré brevemente en los demás textos referentes al Cid. 


Mocedades de Rodrigo: Es el nombre con el que se conoce un tardío cantar de gesta castellana anónimo, compuesto alrededor de 1360, que relata los orígenes y las hazañas de juventud del legendario Rodrigo Díaz de Vivar. Su valor literario es bastante escaso, aunque sí resulta muy interesante para la historia de la literatura. 


Cantar de Roncevalles: Es un poema épico escrito en castellano medieval  con rasgos de romance navarroaragonés  de comienzos del siglo XIII. De el se conserva un único fragmento de 100 versos. Aparentemente el original constaba de unos 5500 versos.


Epitafio Épico del Cid: Breve texto de la épica castellana escrito a fines del siglo XIV, en San Pedro de Cardeña como inscripción de la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar. Se trata del último testimonio de la vigencia de los cantares de gesta y constituye un texto híbrido funerario de carácter heroico, hagiográfico y epigramático pues aúna un epitafio puesto en boca del Cid, una composición clerical y un estilo y métrica que se adscribe a la épica medieval.






El Cantar del mio Cid se diferencia de la épica francesa en la ausencia de elementos sobrenaturales, la mesura con la que se conduce su héroe y la relativa verosimilitud de sus hazañas. El Cid que encontramos en el Cantar es un modelo de mesura y equilibrio. Cuando de un prototipo de héroe épico se esperaría una inmediata venganza de sangre, en esta obra el héroe se toma su tiempo para reflexionar al recibir la mala noticia del maltrato de sus hijas y busca su reparación en un solemne proceso judicial, rechaza actuar precipitadamente en las batallas cuando las circunstancias lo desaconsejan. También mantiene buenas y amistosas relaciones con muchos musulmanes, como su aliado y vasallo Albengabón , que refleja el estatus de múdejar y la convivencia con la comunidad hispanoárabe de origen andalusí, habitual en los valles del Jalón y Jiloca por donde transcurre buena parte del texto. 


También está muy presente la condición del ascenso social mediante las armas que se producían en las tierras fronterizas con los dominios musulmanes, lo cual supone un argumento decisivo de que no pudo componerse en 1140, pues en esa época no se daba ese espíritu de frontera y el consiguiente ascenso social de los caballeros de las tierras de extremadura. El Cid, siendo un infazón (hidalgo de la categoría menos elevada), logra sobreponerse a su humilde condición social dentro de la nobleza, alcanzando  prestigio y riqueza y finalmente un señorío hereditario. 


El Cantar del mio Cid aprovecha varias noticias históricas, a menudo transformadas por las necesidades literarias de adecuar la historia al género de los cantares de gesta y a lo que se esperaba de un héroe épico e inventa otra serie de pasajes ficticios (, en especial los infantes de Carrión), cuya existencia no ha podido ser comprobada.


Aunque el autor del Cantar pudo recibir información procedente de documentos jurídicos y de la Historia Roderici, la información histórica del Cantar del mio Cid proviene, fundamentalmente de la historia oral, cuya vitalidad era mucho mayor en el siglo XII. en 1230 los colaboradores de la Estoria de España de Alfonso X el Sabio manejaban información obtenida de noticias orales sobre la épica del Cid. 






La Edad Media es el período histórico de la civilización occidental  comprendido entre el siglo V y el siglo XV. Su comienzo se sitúa en el año 476 con la caída del Imperio romano de Occidente y su fin en 1492 con el Descubrimiento de América, o también en 1493 con la caída del Imperio Bizantino, fecha que coincide con la invención de la imprenta (más concretamente con la Biblia de Gutenberg) y con el fin de la Guerra de los Cien Años.


El cantar de gesta es el nombre con el que se conocen las epopeyas escritas durante la Edad Media, o bien una manifestación literaria extensa perteneciente a la épica que narra las hazañas de un héroe que representa las virtudes que un pueblo consideraba modélicas durante el Medioevo.


En los siglos XI y XII, los juglares las divulgaban oralmente, debido al analfabetismo de la sociedad de la época. Aunque su longitud varía entre los 2000 y los 20.000 versos, en promedio no excedía los 4000. Esta cantidad de versos suponía que el juglar que lo recitaba en público tuviera que fragmentar su relato en más de una jornada. Los cantares se agrupaban en tiradas variables de versos, que se relacionaban por tener la misma asonancia al final de cada verso, y por constituir  una unidad de significado, a menudo anunciado en la tirada anterior. Sin embargo, si estos cantares de gesta han llegado hasta nuestros días, se debe a que se realizaron copias manuscritas de ellos, bastante más tardías que las propias canciones, las que eran recitadas por los juglares.


El mayor de los cantares de gesta españoles de la Edad Media y una de las obras clásicas de la literatura europea es el Cantar del mio Cid. Este cantar se ha conservado en su forma poética en un único códice que actualmente se custodia en la Biblioteca Nacional de Madrid. Se trata de un códice de 198 x 150 mm de 74 hojas (originariamente fueron 78), elaborado con pergamino y preparación algo tosca. Consta de once cuadernillos, cosidos entre sí y encuadernados con tabla forrada  de bandada barnizada de negro  y estampada de orlas de oro. Se trata de la segunda encuadernación y data del siglo XV. 








Algunas características de los cantares de gesta de la literatura española son:



  • Su carácter anónimo
  • Su gran vitalidad, pues los temas sobrevivieron en la literatura posterior (romancero, comedia nacional, drama neoclásico, romántico, moderno, etc)
  • Su realismo. Se compusieron en fechas cercanas a los hechos que cuentan, por lo que apenas aparecen elementos fantásticos
Los cantares de gesta fueron considerados documentos históricos. Algunos fueron prosificados e incluidos en crónicas medievales, gracias a ello, algunos se han podido conservar parcialmente.



La letra del manuscrito es clara y cada verso empieza con mayúscula. Los últimos estudios aseguran que, tras analizar todos los aspectos pertinentes, el códice pertenece a la primera mitad del siglo XIV, (en concreto habría sido escrito entre 1320 y 1330). Fue elaborado  o encargado posiblemente por el Monasterio de San Pedro de Cardeña, a partir de un ejemplar preexistente tomado a préstamo.


Cada verso está dividido en dos hemistiquios por una cesura. Esta forma refleja un recurso útil a la recitación o canto del poema. Sin embargo, mientras que en los  poemas franceses cada verso tiene una métrica regular de diez sílabas divididas en dos hemistiquios por una cesura, en el Cantar del mio Cid tanto el número sílabas de cada verso como el de sílabas en cada hemistiquio varía considerablemente. 


Los versos se agrupan en tiradas de extensión variable. Su longitud varía de 3 a 90 versos, cada uno de los cuales tiene la misma rima y suele constituir una unidad de contenido. El cambio de rima puede deberse a una transición a otro lugar, al desarrollo detallado de algún episodio o a una variación del estilo del discurso, la identificación del interlocutor en algún diálogo, el cambio de la voz emisora o la introducción de digresiones. 



















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