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jueves, 15 de marzo de 2012

James Joyce

JAMES JOYCE






Poeta y narrador irlandés, nació en Dublín, el 2 de febrero de 1882 y murió en Zurich, Suiza el 13 de enero de 1941. Autor de una de las obras maestras de la literatura universal, la novela Ulisses (1922), está considerado como el escritor que, junto al francés Marcel Proust y su obra A la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido, 1913 - 1927), mayor influencia ha ejercido en la prosa de ficción  del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia acomodada, fue el primogénito de una extensa prole de John Stanislaus Joyce (funcionario que dirigía una oficina de recaudación de impuestos y Mary Jane Murray, hija de un próspero comerciante de vinos. A pesar de las numerosas bocas que tenía que alimentar, John Stanislaus Joyce vivía con holguera merced a su ventajoso empleo en la Administración y gozaba de enorme popularidad en Dublín por sus excelentes dotes para el canto.


El pequeño James heredó a buena voz de su padre, pero también sus inquietudes artísticas y sus desvelos nacionalistas, a los nueve años de edad se reveló como un prometedor escritor, merced a un panfleto que redactó en defensa del malogrado político irlandés Charles Stewart Parnel, acérrimo defensor de la Home Rule (gobierno autóctono de Irlanda).


La formación académica del joven pasó necesariamente por la enseñanza religiosa. Matriculado en el colegio jesuita Clongowes Wood, se sintió atraído por el ejemplo espiritual e intelectual de los jesuitas, y llegó a experimentar una fugaz vocación sacerdotal que pronto se desvaneció entre las inquietudes de su talante rebelde. A pesar de ello, el propio autor habría de reconocer, años después, la poderosa influencia que habían dejado los jesuitas en su formación. 


Ingresó luego en otro prestigioso centro de la Compañía de Jesús, el colegio Belvedere, donde concluyó sus estudios secundarios. En su juventud se matriculó en la University College de Dublín, en cuya Facultad de Artes y de Letras comenzó a dar muestras fehacientes de su vocación literaria que habría de acompañarlo durante el resto de su vida. Pronto se dio a conocer como poeta entre sus maestros y compañeros, aunque, por aquel entonces, nadie pudo ver en él al genio universal destinado a escribir el Ulisses. A pesar del desdén inicial hacia sus escritos, el joven Joyce pronto demostró su extraordinaria sensibilidad literaria y su singular  personalidad. Fue el único estudiante de la Facultad de Artes que se negó a subscribir una carta de protesta dirigida contra el drama The Countless Cathleen (1892), obra del poeta y dramaturgo irlandés William Butler Yeates, que había causado un ruidoso escándalo, porque su protagonista vendía el alma al diablo en cambio de la salvación de Irlanda. Con detalles como éste Joyce subrayó su independencia y su precoz madurez intelectual, puesto de manifiesto también en el ensayo que, acerca de la obra de Ibsen, publicó en la Fortnigtly Review, a los 16 años de edad. Además, su prematura pasión por la literatura le impulsó a zambullirsse sin miedo en las obras de otros grandes clásicos universales, como Aristóteles, SAnto TOmás de Aquino, Dante ALighieri y poetas isabelinos del barroco.








Tras obtener, en 1902, el título de Bachelor of Arts (Licenciado en Letras), James Joyce se sintió profundamente decepcionado por la carrera que había elegido y culminado, y decidió emprender otros estudios superiores mucho más prácticos, capaces de producir beneficios sociales, y, sobre todo materiales. Con el pretexto de cursar la carrera de Medicina en La Sorbona, en el otoño de 1902 se instaló en París, donde conoció las dificultades de la materia que pretendía estudiar, y, asumiendo su fracaso, regresó a Irlanda. Pero la vida en casa de sus padres se le hacía insoportable, por lo que a finales de 1902 regresó a París y permaneció durante ocho meses en la capital francesa, más ocupado en la composición de poemas que en el estudio de los manuales de la Ciencia de Hipócritas.


Deambulando noche y día por las calles de la capital gala, Joycetuvo ocasión de conocer a algunos escritores irlandeses que estaban afincados a la orilla del Sena, como el gran dramaturgo John Millington Synge, quien pronto lo honró con su amistad, y llegó a permitirle que leyera el manuscrito original de su reciente pieza Riders to the Sea (Jinetes hacia el mar) estrenada en Dublín en 1904.


Tras el fallecimiento de su madre, la familia entera comenzó a pasar calamidades exonómicas. Fue así como empezó a ganarse la vida como profesor en la escuela de Clifton, actividad que compaginaba con sus todavía no concluidos estudios de Medicina y por su intensa dedicación a la escritura creativa que arrojó por fruto algunos de los quince relatos, que, al cabo de una década, habría de dar la imprenta en el volumen recopilatorio titulado Dubliners (1914). Aunque gastaba más de lo que le entraba como maestro de escuela (oficio al que renunció después de cuatro meses), viéndose obligado a pedir dinero prestado y a usar ropa perteneciente a sus compañeros de estudios. No obstante, dentro de aquel desorden conservó intactas sus facultades creativas, comenzando a escribir otra de sus célebres narraciones, concebidas en un principio como un ensayo, lo que finalmente derivó A portrait of an artista as a young man (Retrato del artista adolescente, 1917). 


A finales de primavera del año 1904, James Joyce conoce en una calle de Dublin a Norah Barnacle, una inculta criada de hotel de la que se enamoró instantáneamentey a la que habría de permanecer unido por el resto de sus días. Esta pasión lo empezó a apartar de las cantinas, aunque no tan radicalmente como para dejar de protagonizar como para dejar de protagonizar algunos episodios bohemios que habrían de ser decisiva en su vida y en su futura producción literaria. El primero de ellos tuvo lugar a finales de junio de 1904, cuando seis días después de su encuentro con Norah, solicitó en plena noche los favores de una señorita, sin advertir que esta estaba acompañada por un militar. El certero puñetazo de éste dio con los huesos de Joyce en el duro pavimento dublinés, del que lo ayudó a incorporarse un judío conocido en aquellos barrios. Dos años después, en una breve estancia en Roma el escritor recordó aquel suceso, y decidió convertirlo en un nuevo episodio de su serie Dublineses, bajo el título de Ulises, y poco a poco, la nueva estampa fue ganando en proyección , y puesta en reposo en la imaginación del escritor, acabó por convertirse en su inmortal novela. 







Tras una breve estancia en el puerto adriático de Pola, consiguió establecerse como profesor en la localidad de Trieste. El giro radical que Joyce había dado a su vida lo llevó a tomar más en serio la enseñanza, actividad con la cual podía mantener a los suyos. Trabajó durante algún tiempo como profesor en la Academia Comercial, cada vez más integrado en una comunidad, sobre la que llegó a escribir artículos de política en el rotativo Il Piccolo della Sera. Su dominio de la lengua italiana era perfecto, pero también sabía desenvolverse con soltura en otros diecisiete idiomas, gracias a los estudios de lingüística comparada que, además de las lenguas modernas europeas, le habían permitido conocer el latín, el griego, el sánscrito y el árabe. Esta facilidad para expresarse en tantos idiomas diferentes habría de arrojar algunos frutos sazonadísimos en el Ulises, auténtico alarde de orfebrería lingüística.


En 1906 decide probar fortuna en un nuevo oficio y se trasladó a Romapara trabajar como empleado de una entidad bancaria., aunque, después de un año en dicho empleo, decidió regresar a Trieste, prácticamente arruinado y preso de unas virulentas fiebres reumáticas que lo empujaban hacia el delirio. Desde Londres le llegó la noticia, de que el editor que había asumido la publicación de Dublineses era renuente a lanzarlo al mercado, por temor a las reacciones que pudiera causar entre los nacionalistas y los puritanos británicos, aunque sí pudo publicar su poemario Chamber Music en Londres en 1907, obra que el propio Joyce consideraba ya algo caduca desde el punto de vista estilístico.


Rodeado, con el tiempo, de un cierto prestigio intelectual, el escritor comenzó a brillar por sus dotes de conferenciante, y por sus artículos periodísticos aparecidos en la prensa local. Siempre necesitado de ampliar sus fuentes de ingreso, comenzó a impartir clases a personas de mayor rango social que sus antiguos alumnos eventuales.


Seguía, entretanto, escribiendo y madurando la idea de su futura obra maestra con tanta entrega y pasión como las que consagraba al consumo de vino blanco, por lo que sus problemas de visión iban en aumento. En 1914 recabó la atención del poeta estadounidense Ezra Pound, quien le solicitó alguna colaboración para la revista inglesa The Egoist. Gracias a ello el narrador concluyó, en forma de novela  su Retrato del artista adolescente. Animado por este éxito editorial, intesificó la redacción del Ulises y simultáneamente escribió una pieza teatral, Exiliados, una suerte de drama ibseriano. 







En 1916 aparece en Nueva York el Retrato de un artista adolescente como un libro exento, y, un año después, el libro se publicó en Londres. Por aquel entonnces, James Joyce consideraba publicar los episodios ya escritos de Ulises por entregas, y se dirigió a la editora de The Egoist, pero ésta no encontraba tipógrafos que se atrevieran a imprimir unos textos considerados obscenos por la puritana mentalidad británica del primer tercio de siglo pasado, por lo que solo vio impresos los capítulos 2, 3, 6 y 10. Finalmente, la modesta imprenta neoyorquina The Review  se atrevió a publicar Ulises por entregas, pero pronto la censura se lanzó sobre la revista y se confiscaron y quemaron los números en los cuales aparecían los capítulos 8, 9 y 12.


Una vez finalizada la Guerra, el matrimonio Joyce decidieron establecerse momentáneamente en París, aunque, finalmente, y aconsejados por Ezra Pound, decidieron residir permanentemente en la capital francesa, que se había concertido en el mayor polo literario del mundo, debido al asilo que brindaba, por aquel entonces, a algunos autores de la talla de Gertrude Stein, William Faulkner y a Ernest Hemingway. Por mediación de Sylvia Beach (joven estadounidense que había inaugurado una librería especializada en autores angloparlantes), algunas muestras del Ulises llegaron a manos del escritor Válery Larbaud, quien, fascinado por la prosa de Joyce, tradujo al francés algunos fragmentos que aparecieron en la Nouvelle Revue Française. Finalmente fue la propia Sylvia Beach quien decidió afrontar por su cuenta y riesgo la edición definitiva de la obra maestra de James Joyce, que vio la luz el mismo día del cumpleaños de su autor. 


Consagrado. a partir de entonces, como uno de los autores vivos de mayor prestigio mundial, Joyce mantuvo contacto con otras grandes figuras literarias que se encontraban en París, como Louis Aaragon, Paul Eulard, Thomas S. Eliot, Scott FItzgerald y Samuel Beckett. En 1934 Joyce entabla contacto personal con Carl Gustav Jung, en un esfuerzo desesperado por recobrar la salud mental de su hija, y a partir de su encuentro con Jung, comenzó a profundizar en la psicología, lo que se aprecia en su siguiente novela Finnegan's Wake (1939).


Entretanto la salud del escritor se iba deteriorando aceleradamente. En 1917, a causa de un glaucoma, había sido intervenido por primera vez en su ojo izquierdo, órgano que, sometido a otras tantas operaciones quirúrgicas, acabó perdiendo prácticamente todas sus funciones , por lo que Joyce lo cubrió con un parche triangular. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Francia por parte de las tropas alemanas provocó la partida del matrimonio Joyce a Zurich, en donde la fragil salud del escritor se vio minada por el dolor que le causaba estar lejos de su hija, a la que los nazis habían impedido abandonar el sanatorio mental donde estaba internada. Consecuentemente se le agravó el problema intestinal que ya venía padeciendo y fue necesario someterlo a una intervención quirúrgica. Tras haber recibido dos transfusiones de sangre posteriores a la delicada operación, sufrió una perforación de la úlcera duodenal que padecía, y perdió la vida a comienzos de 1941, a los cincuenta y ocho años de edad.






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