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viernes, 2 de marzo de 2012

Edward Elgar

EDWARD ELGAR






Sir Edward William Elgar (2 de junio de 1867, Inglaterra - 23 de febrero de 1934 Worchester, Inglaterra). Compositor Inglés. Muchas de sus obras han entrado en el repertorio clásico de concierto británico e internacional.

A pesar de que Elgar es a menudo considerado un típico compositor inglés, la mayoría de sus influencias musicales no provienen de Inglaterra, sino de Europa continental. Se sentía a sí mismo como un extraño, no solo musicalmente, sino también en lo social. En los círculos musicales dominado por los académicos fue un compositor autodidacta.

El padre del compositor poseía una tienda en Worchester y los domingos tocaba el órgano en la Iglesia de St. George. De esta manera el pequeño Edward tuvo la oportunidad de leer música desde muy temprano, y también de probar casi todos los instrumentos musicales expuestos en la tienda de su padre. Pese a todo Elgar nunca cursó estudios académicos y fue aprendiendo el oficio de ser músico, tanto en la tienda familiar, como en la iglesia, donde, además, se celebraba la edición anual del Festival de los Tres Coros, una semana musical en donde solistas, coros y orquestas invitadas ofrecían programas musicales de calidad.




Dada la relativa cercanía de Londres, Elgar solía visitar con frecuencia la metrópoli, y en uno de esos viajes consiguió que Adolphe Pollitzer, profesor de una orquesta londinense se brindara darle clases de violín, aunque, con el tiempo se dio cuenta que lo suyo era la composición. Dos de las orquestas con las que solía colaborar interpretaron sus primeras composiciones (Sérénade Mauresque y Sevillana) con tan buen resultado que pronto fueron presentadas en Londres con una tercera (Salut d'amour), pieza que se convirtió en favorita de los aristócraticos del salón. Los comienzos no fueron fáciles, especialmente para su esposa Caroline Alice, acostumbrada a otra vida. En 1890 Elgar consiguió estrenar su obertura Froissart, la mejor composición escrita por él hasta entonces. En pocos años su reputación como compositor se extendió por toda Inglaterra, gracias a obras como The Black Knight, King Olaf, Scenes of the Bavarian Highlands, Lux Christi y Sea Pictures, una serie de cantatas que en buena medida siguieron las pautas de Auguste Jaeger, representante de la casa editorial Novello.

Con ocasión del sesenta aniversario de la entronización de la Reina Victoria, Elgar compone una Marcha Imperial, la coral The Banner of St. George y la cantata Caractatus, obras precursoras de su posterior música patriótica. Pronto sus colegas extranjeros lo comenzaron a ver como el gran compositor que Inglaterra estaba esperando. Hans Richter, director austrohúngaro leyó la partitura de las Variaciones Enigma en Viena y decidió dirigirla en Londres, cosechando un enorme éxito. Aun así, Elgar seguía creando obras corales, de esta manera surgió otra de sus obras maestras, The dream of Gerontius, estrenada con mucha polémica en Birningham en 1900, aunque finalmente conquistó a los críticos. Es así como Elgar se convierte en el músico inglés más importante de la época. 

Tras el triunfal estreno de la obertura Cockaigne, Elgar recibió una invitación real para escribir una oda en honor a la coronación de Eduardo VII. Es nombrado doctor honoris causa en música por Cambridge, y Richard Strauss declara su admiración por Elgar tras asistir a una audición de las Variaciones Enigma y de The dream of Gerontius. Lentamente Elgar se fue alejando de la tradición coral de sus años jóvenes. A partir de entonces Elgar se fue centrando en obras orquestales y compuso sus célebres cinco marchas de Pompa y Circunstancia, la obertura In the South, una suerte de poema sinfónico y la excelente Introducción and Allegro  para cuartetos de cuerda solista y orquesta de cuerdas, una de sus cumbres compositivas.




En 1904 un acaudalado hombre de negocios donó 10.000 libras a la Universidad de Birningham para que creara una cátedra de música con la única condición de que Elgar la ocupara. La universidad aceptó, no sin antes aclarar que Elgar no tendría obligación lectiva alguna y con la excepción de una serie de conferencias ofrecidas entre 1905 y 1906. Los honores no pararon, Elgar fue nombrado doctor honoris causa por las Universidades de Oxford y Yale, además de convertirse en socio de honor de la Royal Academy of Music de Londres. En los años siguientes Elgar aborda la composición de su Primera Sinfonía (1908) y de la Segunda Sinfonía (1911), obras acompañadas por un Concierto para violín que compuso entre ambas tras regresar de un viaje por Italia. En 1910 escribió la música para la coronación del rey Georges V y poco después le es concedida la Orden del Mérito. Dos años después concluye la suite The Crown of India y el poema sinfónico Falstaff.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Elgar se inscribió en la Policía Especial y en la Reserva de Voluntarios de Hampstead. Fruto de esta época es The Spirit of England, homenaje a los caídos ingleses. Durante su estadía en el hospital a raíz de una pequeña intervención quirúrgica en la garganta, comenzó a virar hacia la música de cámara. De esta época datan una Sonata para violín y piano y un Quinteto con piano, obras que anuncian la plena madurez del compositor. Es en 1911 cuando compone una verdadero joya y posiblemente una de las más bellas páginas del género, el Concierto para violoncello y orquesta, una de sus últimas obras. En 1933 sufrió una nueva intervención quirúrgica en la que se le detectó un tumor maligno. Sus últimos días los pasó escuchando en un gramófono sus obras de cámara. Finalmente el 23 de febrero de 1934 falleció en su residencia de Worchester. 

Pese a que Elgar aun conserva el tópico de compositor oficial de la época victoriana y eduardiana, sus obras son mucho más complejas de lo que su forma exterior sugiere, y en numerosas ocasiones su música se traduce como el íntimo flujo de un hombre profundamente sensible. Elgar absorbió elementos estilísticos de ciertas fuentes aunque su música se caracteriza por un extraordinario dominio del cromatismo, factor que imprime a sus obras un colorido  y unos giros estructurales inesperados e innovadores. Como compositor más relevante desde Purcell, Elgar terminó con la deprimente fama de que el siglo XIX había sido una centuria sin música en Inglaterra, y con él se inició el glorioso renacimiento musical inglés de los últimos cien años.








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