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domingo, 8 de enero de 2012

Felix Mendellsohn Bartholdy

FELIX MENDELLSOHN BARTHOLDY






Hijo de un acaudalado banquero, nieto de un importantísimo filósofo teórico del judaismo (Moses Mendellsohn), e hijo de una madre muy culta el pequeño Félix fue educado en la tradición humanística liberal de una familia reconvertida al cristianismo protestante, aunque el músico siempre estuvo orgulloso de sus orígenes judíos. Junto con su hermana mayor Fanny recibió una disciplina espartana que no permitía ni un momento de ociosidad y que no solo abarcaba la música, sino también el resto de materias humanísticas. Su madre y su hermana fueron sus primeros maestros de música, y el pequeño Félix demuestra un talento innato para la misma, siendo capaz de tocar de memoria   y perfectamente las 24 Preludios y Fugas de Bach con tan solo 11 años de edad.

Tras una temporada en París, en donde el pequeño recibió clases de los mejores pianistas, la familia se instala en Berlín, ciudad donde el joven músico aprende, además de unos amplios conocimientos de latín y griego el violín y la viola. Gracias a su profesor, Carl Zelter, en Félix se emppieza a despertar una verdadera admiración por la obra de un casi desconocido Johann Sebastian Bach, circunstancia que sería decisiva en el desarrollo de la historia de la música. Como toda aquella formación aun no parecía ser suficiente su padre decide que reciba también clases de dibujo y pintura, modalidad artística en la que Mendellsohn también destacó, revelándose como un excelente acuarelista.

En 1820 da a conocer a su familia una primera obra escénica Amor de soldado a la que siguió Los dos preceptores. Un año más tarde es introducido, por medio de Zelter, en la casa de Goethe en Weimar, donde conoce también a Hummel, un músico muy en boga en aquel momento, y cuya influencia en Mendellsohn será decisiva. De regreso en Berlín y para festejar su decimoquinto cumpleaños estrena Los dos sobrinos, con el conjunto musical que su padre disponía en su propia casa. 

En 1825 ante tales progresos, su padre decide no poner impedimento alguno para que su hijo se dedique a la carrera musical, y lo envía nuevamente a París, una ciudad  cuyo ambiente acabó por no gustarle mucho, por lo que pronto decide regresar a Berlín. Allí, en 1825 Mendellsohn estrena su Octeto Op. 20. Dos años más tarde estrena en Polonia la Obertura de El Sueño de una Noche de Verano y el Concierto para dos pianos y orquesta. Paralelamente sigue con sus estudios en Berlín, añadiendo a su vasta formación unos cursos de estética geografía e historia. En la Academia de Canto se inicia en instrumentación  y conducción de voces y consagrándose además en el estudio de la Pasión según San Mateo de Bach, marcando, con el reestreno de aquella obra gigante, el 11 de marzo de 1829, un hito en la historia de la música.





Tras este reestreno se dedicó a viajar. Inglaterra fue la primera parada de aquel periplo, visitando también Escocia que lo inspira para componer su Sinfonía 3,  Escocesa y la Obertura de Las Hébridas. Después de una pequeña estadía en Berlín vuele a partir, esta vez hacia Venecia, Florencia y Roma. Allí conoce a Berlioz, quien quedó hondamente impactado con el talento del joven.

Tras recorrer Nápoles, Pompeya, Génova y Roma, Mendellsohn parte para Suiza y Munich, donde aprovecha para estrenar su Concierto para piano en Sol menor, instalándose por seis meses en París, donde aparte de conocer a Chopin, tuvo la oportunidad de enseñar su concierto para piano a Liszt. El largo periplo concluyó en Londres, donde dio un recital de órgano que supuso un importante punto de partida para la moderna historia de este instrumento.

En 1823  sus años de aprendizaje tocan a su fin. Después de ser rechazado  para dirigir la Singakademie se dedicó de lleno a la actividad musical del Gewandhaus de Leipzig, no sin antes ser nombrado miembro de la Academia de Arte de Berlín. Su etapa en el Gewandhaus fue extraordinaria, estrenando muchas obras contemporáneas y creando un novedoso sistema de conciertos históricos para abonados , donde se interpretaban obras antiguas caídas en desuso. 

A partir de 1840, Mendellsohn alterna su actividad en el Gewandhaus de Leipzig con un nuevo cargo en Berlín, viajando con frecuencia a la capital brandenburguesa, y que, a instancias del monarca (Federico Guillermo IV de Prusia) compusiera música religiosa. En 1842 el rey le propone el cargo de director de música religiosa, y Mendellsohn pide libertad total de movimiento y la posibilidad de seguir residiendo en Leipzig, aprovechando esta ocasión para fundar un Conservatorio  musical en Leipzig. En muy poco tiempo, dicho Conservatorio se convirtió en el centro de formación musical más importante de Alemania.




Entre 1844 y 1846 Mendelssohn realizó dos breves viajes a Inglaterra, en donde, gracias a sus habilidades para dirigir la orquesta pudo rescatar la Philarmonia de la difícil situación económica que por entonces atravesaba. Su prestigio era inmenso, siendo unánimamente considerado como el mejor compositor germano de la época y teniendo una influencia incuestionable en el panorama musical europeo, aprovechando aquella estadía para estrenar, en Londres, su oratorio Elías. 

A su regreso a Leipzig, en 1847 el médico le recomendó abandonar las tareas menos importantes, entre ellas la de concertista de piano. Lo peor ocurrió en mayo de aquel año, cuando falleció su hermana Fanny a causa de una embolia cerebral, de aquel golpe Mendellsohn ya no pudo recuperarse. Renunció a la dirección de los conciertos de la Gewandhaus, limitándose a supervisar los exámenes del Conservatorio. Físicamente derrotado, aun tuvo fuerzas para componer alguna obra más. Finalmente, tras una etapa en los que se repitieron unos fuertes dolores de cabeza, que le provocaban desvaneciminto, falleció  en Leipzig, el 4 de noviembre de 1847, a la edad de 38 años.

La música de Mendellsohn, sobre todo la escrita entre los diez y los treinta años es inspirada y está llena del mismo entusiasmo que la de Schubert, haciendo gala de una extraordinaria destreza sonora. Su música es sinónimo de buen gusto y encanto, además de poseer una extraordinaria capacidad para levantar el espíritu. Su aportación a la historia de la música , en su calidad de intérprete y gestor es decisiva.


Sus obras son las siguientes: 

  • 5 sinfonías, destacando la 3, escocesa y la 4, italiana
  • 6 Oberturas: se destaca El Sueño de una Noche de Verano, La Gruta de Fingal y Mar en Calma y Viaje feliz
  • 12 sinfonías cortas para cuerda
  • 3 Conciertos para piano
  • 2 Conciertos para violín, de los cuales se destaca el Nº 2, Op. 64
  • Un concierto para dos pianos
  • Obras breves para solista y orquesta
  • Una ópera
  • Música incidental (la más destacada es Sueño de una Noche de Verano)
  • 6 oberturas extensas para coro y orquesta
  • 6cuartetos de cuerda
  • 6 cuartetos con piano
  • 6 sonatas para órgano
  • 25 oberturas para teclado, destacando Romanza sin palabras
  • 55 canciones para coro
  • 68 canciones para voz sol
  • 2 oratorios





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