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viernes, 25 de noviembre de 2011

Franz Schubert

FRANZ SCHUBERT









Franz Peter Schubert nació el 31 de enero de 1797 en la capital del Imperio Austrohúngaro, Viena, siendo el duodécimo de los 14 hijos de una familia de humildes condiciones sociales, en donde el padre de familia era un estricto rey de la casa y ejercía como profesor en las escuelas primarias de dicha ciudad.

Schubert es considerado como uno de los más sublimes compositores románticos, cuyas obras orquestales, en su momento, llegaron a superar a las del mismísimo Ludwig van Beethoven, pero la temprana muerte de Schubert por la tifus sifílica en un hospital de precarios funcionamientos nos delata una vida llena de engaños y frustraciones. 

Hombre de poca estatura, gordo, miope, excesivamente tímido y enamoradizo, Franz Schubert siempre fue manipulado por gente inteligentemente canalla. Apenas vivió algunos meses de su vida en la que nunca se ganó el respeto de nadie, pero que dio todo lo que su talento musical podía dar al conjugar sus anhelos y utopías para enfrentar la poca aceptación social y la constante burla de las que fue objeto dentro y fuera de las aulas primarias vienesas. 

Franz Schubert jamás estudió formalmente música pero siempre estuvo aturdido sublimemente por esa manifestación artística y se daba un tiempo para apreciar la música de su tiempo, ya que en aquel entonces estaba dominada por el revolucionario Beethoven, que rompía las estructuras clásicas de composición y creaba las bases del romanticismo musical. Aunque Schubert simpatizó con dichos esquemas musicales, siempre rehuyó de seguir el estilo musical beethoveniano, encontrando, finalmente, un estilo propio y sublime.




En 1808, con 11 años de edad, Schubert consigue una plaza en el coro de niños de la Capilla Imperial (actualmente Niños Cantores de Viena), facultad que le otorga el derecho a ingresar en el Stadtkonvikt, colegio musical fundado por el emperador Francisco I. Aquello supuso para el niño Franz Schubert algo parecido al ingreso en una prisión, con un alojamiento en una fría celda y una severísima disciplina. Pronto destacó como violinista en la orquesta de estudiantes, no tardando en figurar en el primer atril, lo que lo llevó a familiarizarse con la música de Haydn, Mozart y Beethoven. Sus dotes fueron tan extraordinarios que Antonio Salieri decidió supervisar su educación musical.

En 1812, después del fallecimiento de su madre, su padre decide que Schubert se convierta en maestro de escuela, lo que, naturalmente disgusta bastante al joven, quien en aquel entonces ya se sentía todo un músico, y había llegado a componer numerosas piezas musicales, entre ellas 6 cuartetos de cuerda y su Primera Sinfonía (1813). 

Franz Schubert ganaba tan poco como maestro dando clases en la escuela de su padre, que a duras penas le alcanzaba para comer, por lo que se fue desanimando en la enseñanza y poco a poco se fue concentrando exclusivamente en la composición. En 1815, con 18 años de edad, llegó a componer 4 breves óperas, 150 lieder, 4 Sinfonías, un cuarteto de cuerda, coros, sonatas para piano....

En 1816 intenta acceder al puesto vacante de profesor de Música en la escuela de Liubljiana con la recomendación de Salieri, aunque no tuvo éxito en dicha empresa. Para resarcirse en abril de aquel año compuso la Sinfonía Nº 4, Trágica, y un poco después la Quinta Sinfonía, alternando la composición de dichas obras con algunos magistrales lieder con textos de Goethe, quien, por otra parte, siempre ignoró al músico. 




En otoño de 1816 se harta de las labores docentes y abandona la residencia familiar, decidiendo vivir en casa de un amigo, Franz von Schober. Es también por estas fechas cuando el compositor rehúsa recibir más lecciones de Salieri. Un año más tarde conoce al gran barítono Josef Vogl, el primer cantante que compendió a Schubert y supo como interpretarlo. Su relación de amistad sería fundamental en el desarrollo musical del compositor.

En 1817 Franz von Schober parte para Francia, y a Schubert no le queda otra alternativa que regresar a la casa paterna, donde, contra todo pronóstico, su estancia resulta bastante productiva (3 sonatas para piano, algunos de sus mejores lieder como La Trucha, A la Música o La Muerte y la Doncella). Al año siguiente perfila su Sexta Sinfonía, y en el Hotel Emperador, en un concierto público, se interpreta por primera vez una obra suya, la Obertura Italiana Nº2.


El año 1821 empezaría para Schubert  con mejores auspicios. Algunas de sus obras denominadas fáciles para piano empiezan a tocarse en los salones de la alta sociedad, pero los editores musicales le seguirían dando la espalda y se centraban más en compositores como Hummel, Steibert o Cramer, aparte de Rossini. A pesar de todo, y por iniciativa de sus amigos, se obtienen suscripciones voluntarias y se logran editar algunos de sus mejores lieder. A finales de año conoció finalmente a su admirado Beethoven, aunque no llegaron a tratar mucho por la distinta significación social del círculo de amistades de ambos músicos. La relación se hizo más estrecha en momentos previos a la muerte del genial sordo de Bonn. En 1822 culmina su Misa en la bemol mayor, compone la Fantasía Wanderer y comienza a componer la Sinfonía Nº 8 Incompleta (o Inconclusa).

En 1823 Schubert contrae la sífilis, vergonzosa enfermedad y de muy difícil curación en esa época. Pasó algunas semanas en el Hospital General de Viena y estuvo sujeto a tratamiento médico, pese a lo cual concluye algunas obras escénicas  como Rosamunda y Las Conjuradas, así como también el excelente ciclo de canciones La Bella Molinera. El compositor experimenta una notable mejoría en Linz, y en septiembre decide regresar a Viena, instalándose en casa de Josef Huber, un amigo de sus amigos. (Lo que se escucha en el video que sigue es, naturalmente parte de su Sinfonía 8, Inconclusa o Inacabada, ya que la Sinfonía 7 no tiene nombre)




Sin embargo, muchas de sus amistades vienesas habían abandonado la ciudad y las asociaciones y reuniones culturales habían también perdido el encanto de otras épocas. El año no termina bien para el compositor: el estreno de su ópera Die Verschworenen (Los Conspiradores) es aplazada, y la presentación del ballet Rosamunda pasa con más pena que gloria, con lo que el prestigio operístico de Schubert se va esfumando sin solución. En verano acepta una proposición del Conde Esterházy y pasa una segunda temporada en Hungría, en donde recupera fuerzas y gana algunos florines, aunque sigue extrañando Viena y su inigualable ambiente.

Regresa finalmente a Viena a finales del año y se instala unos días en casa de su padre. Es en casa de un buen amigo, Schwind, cuando vuelve a verse rodeado de viejos amigos, y, en 1825 recupera el ritmo creativo que siempre lo caracterizó, alternando dicha labor con las famosas reuniones de salón, conocidas como schubertiadas. En mayo abandona Viena para pasar un tiempo en Gastein, en donde, aparentemente, escribe una sinfonía que se ha perdido. De regreso, comprueba como los editores van publicando sus obras, aunque le siguen pagando una miseria por ello. De esta época son el ciclo de canciones La Dama del Lago, y la Sonata en Re Mayor. Al año siguiente, en 1826, en solo diez días compone su último Cuarteto de cuerdas  y la Sonata en Sol mayor

A principios de 1827 sale a la luz su ciclo Viaje de Invierno, una de sus cimas creativas. En ese mismo año se produce el fallecimiento de Beethoven, circunstancia que sume a Schubert en una profunda decepción. Aunque consigue ser nombrado miembro de la Sociedad Filarmónica de Viena, sus ingresos económicos son prácticamente nulos. Tras un breve viaje a Graz regresa a Viena con una fuerte recaída de su enfermedad, que a su vez acentúa su estado depresivo. Para combatirla crea los Tríos para piano y cuerdas, los Impromtus y los Momentos Musicales.




En 1828 su salud empeora hasta extremos alarmantes, por lo que los amigos le intentan arreglar unas reuniones literarias en las que apenas puede participar. El 26 de marzo se celebra un concierto íntegramente dedicado a obras de Schubert en la sala de los Amigos de la Música, primer y único concierto de estas características que se celebró en vida del compositor. Aunque supuso un completo éxito, la prensa apenas se interesó por el mismo. Derrotado, Schubert consigue finalizar sus últimas obras maestras, como la Sinfonía Nº 9 (La Grande), y la Misa en Si bemol. De manera increíble Schubert decide perfeccionar sus conocimientos musicales y se apunta a unas clases de fuga y contrapunto, aunque solo pudo asistir a una de las cuatro clases. Los dos últimos días de su vida los pasó en soledad, únicamente acompañado por su hermano Ferdinand. Falleció el 19 de noviembre de 1828, y fue enterrado en el cementerio de Wäringen, junto a la tumba de su admirado Beethoven.

Una de las mayores controversias  musicales es la de ubicar la obra de Schubert en el clasicismo o en el romanticismo. Su música contiene formas clásicas, y, a excepción de las canciones, en casi toda su obra hay ausencia de alusiones exteriores o de un título descriptivo. Schubert es la figura central de la canción alemana o lied, combinando con maestría lo mejor de la poesía con acompañamiento de piano y un prodigioso sentido de la melodía. Alcanzó la madurez compositiva a los 17 años  y su vasta producción manifiesta una fluidez e imaginación musical extraordinarias. De no haber muerto tan prematuramente, tal vez hubiese sido el mayor referente de la historia de la música occidental junto a Mozart y Beethoven.

Sus obras son las siguientes:

  • Nueve sinfonías, de las cuales se destacan las Nº 5, 8 y 9
  • 5 oberturas
  • Música incidental, destacando Rosamunda
  • Diversas danzas y otras obras ligeras para orquesta
  • Alrededor de 600 canciones, destacando los ciclos La Bella Molinera, Viaje de invierno y Canto de Cisne
  • 36 obras corales, destacando Canto de los espíritus sobre las aguas
  • 10 óperas
  • 7 misas
  • Salve Regina y 6 obras sacras menores
  • 15 cuartetos de cuerda, destacando el Nº 14
  • Un Quinteto de Cuerda
  • Un Quinteto para piano y cuerdas, La Trucha
  • Un Octeto
  • Una Sonata para violín y piano
  • Una Sonata para arpeggione
  • 3 Sonatinas para violín y piano
  • Otras obras de cámara
  • 21 Sonatas para piano, destacan las Nº 18 y 21
  • Diversas obras para piano (Momentos Musicales, 11 Improptus, 48 Valses, 3 Marchas Militares, Variaciones, Fantasías, Rondós, Duos, etc...)






3 comentarios:

  1. Una muy completa biografía magníficamente ilustrada con páginas musicales. Felicidades. Besos.

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  2. La maestría de su música la encontramos tanto en sus canciones, música de cámara, o bien en sus sinfonías tan únicas y tan especiales para escuchar, disfrutar.., y deleitarse.
    Besos

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  3. Schubert jamás dejó de evolucionar. En su último año de vida, crea música asombrosamente bella y asombrosamente colosal, en la que parece alejarse del mundo hacia lo puramente sublime y etéreo. Unos 3 ó 4 años más de vida hubiesen bastado a Schubert para ser el más grande de todos.

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