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miércoles, 4 de enero de 2012

Rafael Alberti

RAFAEL ALBERTI







(Puerto de Santa María 1902 - 1999).  Poeta español, miembro de la llamada Generación del 27. Sus padres pertenecían a familias de origen italianas asentadas en la región y dedicadas al negocio vinícola. Las frecuentes ausencias del padre por razones de trabajo le permitieron crecer libre de toda tutela, correteando por las dunas y las salinas a la orilla del mar. Una infancia despreocupada, abierta al sol y a la luz que se ensombrecerá cuando tenga que entrar en el Colegio San Luis Zonzaga de El Puerto, dirigido por los jesuitas de una forma estrictamente tradicional.

Rafael Alberti se asfixiaba en el aula de aquel establecimiento donde la enseñanza no era algo vivo y estimulante, sino más bien un conjunto de rígidas y monótonas normas a las que había que someterse. Se interesaba por la historia y el dibujo, pero parecía totalmente negado para las demás materias y era incapaz de soportar la disciplina del centro. A las faltas de asistencia siguieron las reprimendas por parte de los profesores y  la propia familia. Quien muchos años después recibiría el Premio Cervantes de Literatura no acabó el cuarto año de bachillerato, y en 1916 fue expulsado por mala conducta.

En 1917 la familia Alberti se trasladó a Madrid, donde el padre veía la posibilidad de acrecentar sus negocios. Por su parte, Rafael había decidido proseguir su vocación de pintor, y el descubrimiento del Museo del Prado fue decisivo. Los dibujos que realiza aquel adolescente desmuestran su talento para captar la estética del vanguardismo más avanzado, hasta el punto que no tardará en conseguir que algunas de sus obras sean expuestas en el Salón de Otoño y luego en el Ateneo de Madrid.

No obstante, cuando su carrera comenzó a despuntar, un acontecimiento triste le abrirá las puertas de otra forma de creación. Una noche de 1920,  ante el cadáver de su padre, Alberti escribió sus primeros versos. El poeta había despertado y ya nada detendría el torrente de su voz. Una afección pulmonar le llevó a guardar reposo en Guadarrama. Allí entre pinos y los limpios montes comenzó a trabajar en lo que luego se convertiría en su primer libro, Marinero en tierra, influido por los cancioneros musicales españoles de los siglos XV y XVI. Comprende entonces que los versos lo llenan más que la pintura, y nunca volverá a dudar sobre su auténtica vocación.



Al descubrimiento de la poesía sigue el encuentro con los poetas. De regreso a Madrid se rodeará de sus nuevos amigos de la Resistencia de Estudiantes. Conoce a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Viccente Aleixandre. Gerardo Diego y otros jóvenes autores que van a constituir el más brillante grupo poético del siglo. Cuando en 1925 Marinero en Tierra recibe el Premio Nacional de Literatura se convierte en una figura descollante de la lírica.

De aquel grupo de poetas hechizados por el surrealismo, que escribían entre risas juveniles versos intencionalmente disparatados o sublimes, surgió la idea en 1927 de rendir homenaje con ocasión del tricentenario de su muerte al maestro del barroco español Luis de Góngora, olvidado por la cultura oficial. Con el entusiasmo que les caracterizaba organizaron un sinfín de actos que culminaron en el Ateneo de Sevilla, donde Salinas, Lorca y el propio Alberti entre otros, recitaron sus poemas en honor del insigne cordobés. Aquella hermosa iniciativa reforzó sus lazos de amistad y supuso la definitiva consolidación de la llamada Generación del 27, protagonista de la segunda edad de oro de la poesía española. 

En los años siguientes Rafael Alberti atraviesa una profunda crisis existencial. A su precaria salud se unirá la falta de recursos económicos y la pérdida de la fe. La evolución de este conflicto interior puede rastrearse en sus libros desde los versos futuristas de Cal y canto hasta las insondables tinieblas de Sobre los ángeles. Su alegría desbordante y su ilusionada visión del mundo quedan atrás, dejando paso a un espíritu doliente que se interroga sobre su misión y su lugar en el mundo. Se trata de una prueba de fuego de la que renacerá con más fuerzas, provisto de nuevas convicciones y nuevos ideales.

En adelante la pluma de Alberti se propondrá sacudir la conciencia dormida de un país que está a punto de vivir uno de los episodios más sangrientos de su historia: la Guerra Civil. Ha llegado el momento del compromiso público, que el poeta asume sin reservas, con toda la vehemencia de que es capaz. Participa activamente en las revueltas estudiantiles, apoya el advenimiento de la República y se afilia al Partido Comunista lo que le traerá grandes enemistades. Para Alberti la poesía se ha convertido en una forma de cambiar el mundo, en un arma necesaria para el combate.




En 1930 conoce a María Teresa León, la mujer que más honda huella dejó en él y con la que compartió los momentos más importantes de su vida. Dotada de una claridad política y talento literario, esta infatigable luchadora por la igualdad femenina dispersó con su fuerza y su valentía todas las dudas del poeta. Con ella fundó la revista revolucionaria Octubre y viajó por primera vez a la Unión Soviética a un encuentro de escritores antifachistas.

El dramático estallido de la Guerra Civil en 1936 reforzó aun más su compromiso con el pueblo. Enfundado en el moro azul de los milicianos, colaboró en salvar de los bombardeos los cuadros del Museo del Prado, acogió a intelectuales de todo el mundo que se unían a la lucha en favor de la República y llamó a la resistencia en el Madrid asediado, recitando versos urgentes que desde la capital del país llegaron a los campos de batalla más lejanos.

Al terminar la contienda, como tantos españoles que se veían abocados a un futuro incierto, Rafael Alberti y María Teresa León abandonaron España y se trasladaron a París. Allí residieron hasta que el gobierno de Pétain, que los consideraba peligrosos, militantes comunistas, les retiró el permiso de trabajar. Ante la amenaza de las tropas alemanas, en 1940 deidieron cruzar el atlántico rumbo a Chile, acompañados por su amigo Pablo Neruda.




El exilio de Rafael Alberti fue largo. No regresó a España hasta 1977, después de haber vivido en Buenos AIres y Roma. Recién después de la muerte de Franco se reencontró con algunos de sus amigos, descubriendo que en su tierra no solo lo recordaban, sino que las nuevas generaciones leían su poesía. El mismo año de su llegada el Congreso de los Diputados le abrió sus puertas, tras haber sido elegido por las listas del Partido Comunista, aunque prefirió renunciar para sentirse más cerca del pueblo.

Asistió a recitales, conferencias y homenajes multitudinarios en los que se ensalzaba su figura de poeta comprometido con la causa de la libertad. Fue distinguido con todos los premios literarios que un escritor vivo puede recibir en España, pero renunció al Príncipe de Asturias por sus convicciones republicanas. Falleció el 28 de octubre de 1999 en su casa del Puerto de Santa María, junto a las playas de su infancia y en aquel mar que le pertenecía fueron esparcidas sus cenizas de marinero que hubo que vivir anclado a la tierra.

Algunas de sus obras son las siguientes:

  • Marinero en tierra (1925)
  • La amante (relato poético, 1926)
  • El alba del alhelí (1927)
  • Cal y canto (1929)
  • Sobre los ángeles (1929)
  • Sermones y moradas  (1930)
  • Con los zapatos puestos tengo que morir (1930)
  • El poeta en la calle (1938)
  • Fermín Galán (1931)
  • El adefesio (1944)
  • Noche de guerra en el Museo del Prado (1956)
  • La arboleda perdida (1959 y 1987)
  • Entre el clavel y la espada (1941)
  • A la pintura (1948)
  • Retornos de lo vivo lejano (1952)
  • Baladas y canciones del Paraná (1953)
  • Roma, peligro de caminantes (1968)
  • Coplas de Juan Panadero (1949)
  • La primavera de los pueblos (1961)
  • Canciones para Altair (1988)




2 comentarios:

  1. Como al Alberti folklórico se le conoce poco:
    "...Veloz, rayo de plata en campo de oro,
    nacido de la arena y suspendido
    por un estambre de la gloria, al toro,
    mar sangriento de picas coronado,
    en dolorosa grana convertida,
    centrar el ruedo, manda, traspasado.
    Feria de cascabel y percalina,
    muerta la media luna gladiadora,
    de limón y naranja remolina..."
    Besos.

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  2. Sin lugar a dudas fue uno de los más afamados escritores a nivel mundial, y actualmente sigue siendo uno de los escritores más respetados y más leídos en todo el mundo. Sus obras, además de ser maravillosas, poseen fuerza, dinamismo y un gran realismo.
    Besos

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