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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Gustav Mahler: La belleza de lo trágico

GUSTAV MAHLER: LA BELLEZA DE LO TRÁGICO






Gustav Mahler (Kaliste, Bohemia, actual República Checa, 7 de julio de 1860 - Viena, 18 de mayo de 1911), fue un compositor y director de orquesta bohemio austríaco. Sus composiciones se encuentran entre las obras del Postromanticismo más importantes. 


En las primeras décadas del siglo XX, Gustav Mahler era considerado uno de los más importantes directores de orquesta y de ópera  de su momento. Después de graduarse en el Conservatorio de Viena, en 1878,  fue sucesivamente director de  varias orquestas en diversos teatros de ópera europeos, llegando, en 1879 a la que entonces se consideraba la más notable, la dirección de la Orquesta de la Ópera de Viena. Durante sus diez años en la capital austríaca, Mahler sufrió la oposición y hostilidad de la prensa antisemita. Sin embargo, gracias a sus innovadores producciones y a la insistencia en los más altos niveles de representación se granjeó  el reconocimiento como uno de los más grandes directores de ópera, particularmente como intérprete de las óperas de Wagner y Mozart. Posteriormente fue director de la Metropolitan Opera House y de la Orquesta Filarmónica  de Nueva York.

Como compositor centró sus esfuerzos en la forma sinfónica y en el lied. La Segunda, Tercera, Cuarta y Octava sinfónías y La Canción de la Tierra conjugaron en sus partituras ambos géneros. La revalorización de Mahler al igual  que la de Anton Bruckner, fue lenta y se vio retrasada a causa de su gran originalidad  y del auge del Nazismo en Alemania y Austria, pues su condición de judío catalogó su obra como degenerada y moderna. Solo a finales de la Segunda Guerra Mundial y por la decidida labor  de directores como Bruno Walter, Otto Klemperer, Bernard Haitink o Leonard Bernstein, su música empezó a interpretarse con más frecuencia en el repertorio de las grandes orquestas  y se encuentra entre los compositores más destacados de la historia de la música.








Aunque Mahler nació en Kaliste, a los tres meses su familia se trasladó a la vecina Jihlava, una ciudad  de gran actividad cultural y en donde existían varias posadas que se encargaban de alojar a las columnas del ejército austríaco que allí estaba estacionadas. Las influencias de las marchas y sones militares en los oídos del niño Gustav será decisiva en su devenir como compositor. Su padre había mostrado, desde siempre, un enorme interés por la cultura, asimilada desde una perspectiva autodidáctica. Pronto descubrió las cualidades artísticas de Gustav, sorprendido, con solo cuatro años en un intento de tocar el piano  en casa de sus abuelos, por lo que le proporcionó una digna educación musical. Sus progresos fueron tales que, con apenas diez años ofreció su primer recital pianístico en Jihlava. Es entonces cuando su padre, una vez terminados sus estudios, decide enviarlo a Praga, con la intención de que Gustav se labrara un porvenir como concertista de piano. Finalmente el 20 de septiembre de 1875y tras superar diversos y complicados ejercicios, Gustav Mahler es admitido en el Conservatorio de Viena.


En la capital austríaca, Mahler perfeccionó sus estudios y se reveló como un entusiasta wagneriano. Sin embargo, su situación económica era tan precaria, que pronto se vio obligado a dar clases. En su primer año Mahler obtuvo el diploma de piano y ganó el primer premio del mismo, gracias a una potentosa ejecución de la Sonata en la menor de Schubert. Por si eso no fuese también logró el primer en composición merced a un Cuarteto con piano, obra que aun hoy en día resuena muy controvertida para los especialistas. En esos años Mahler ingresó en la Universidad y abordó estudios de humanidades y filología alemana. De 1878 data su primera obra de cierta importancia, la cantata, La canción del lamento, que quedó definitivamente terminada en 1880. Tras romper su amistad con Hugo Wolf, Mahler recibió una oferta para dirigir opereta en el teatro Bad Hall en la alta Austria. Tras una brece estancia en el teatro Olomuc, Mahler consigue su primer trabajo de auténtica relevancia, la intendencia del Karlstheater en Kassel. En aquella época escribió Canción de un camarada errante y esbozó su primera sinfonía (Titán).


Pero el Mahler director era mucho más prestigioso  que el Mahler compositor, y de esa forma obtiene un clamoroso éxito dirigiendo Las Estaciones de Haydn. Dicho triunfo se vio luego refrendado por otra sensacional representación del oratorio Paulus de Mendellsohn. La fama de Mahler como director fue creciendo y recibió una oferta del prestigioso Deutsches Landstheater de Praga. Allí, venciendo la resistencia de público y crítica, Mahler se consagra dirigiendo óperas como Fidelio, Don Giovanni, La Valkiria y Los Maestros Cantores de Nürenberg. La severidad, rectitud y capacidad de trabajo de Mahler empieza a hacerse famosa de tal manera, que el Mahler director eclipsa totalmente al Mahler compositor, peculiar dualidad que solo cambiará cuando Mahler fallezca y su música comience a ser conocida.








En 1886 Mahler negocia un compromiso con el Neues Stadttheater de Leipzig, cuando un golpe de fortuna lo coloca en una posición privilegiada. Una enfermedad de Arthur Nikisch le impide a éste terminar la primera representación íntegra de El Anillo del Nibelungo. Mahler tomó la batuta para dirigir La Valkiria y Sigrido (segunda y tercera parte del Anillo) y obtuvo un memorable éxito. Además, allí conoció a un nuevo amor, Marion von Webern. Fruto de aquella relación Mahler retoma la composición de su Primera Sinfonía, Titán. Pero la relación no prosperó, y en 1889 acepta el puesto titular de la Real Ópera de Budapest. Mahler revolucionó el panorama musical húngaro (impuso que las obras se cantasen en ese idioma) y favoreció los sentimientos nacionalistas.


Luego de dos años en Budapest, Mahler aceptó una jugosa oferta  de la ópera de Hamburgo. Durante cuatro años Mahler no solo se encargó de la dirección orquestal de la ópera, sino que además fue invitado a dirigir en Londres, Berlín y Moscú. A los 35 años de edad, Mahler  gozaba de una iusitada fama en toda Europa, por lo que cuatro años después planea el asalto al puesto más codiciado: la jefatura de la Ópera Imperial de Viena.


Pero Mahler se topó con un inesperado problema: sus raíces judías parecían incompatibles para tal cargo. Sin embargo, Mahler, siempre práctico, decidió convertirse al catolicismo, y, por supuesto, obtuvo el cargo. En abril de 1898 Mahler es nombrado Director  de la Ópera Imperial de Viena, debutando con un Lohengrin que asombró al público vienés. Un año más tarde es designado director de la Filarmónica de Viena, sustituyendo a Hans Richter, con lo que sus poderes en Viena se acrecentaron aun más. La relación con la orquesta se rompió en 1901, cuando convalesciente en Italia, Mahler se entera que han nombrado como director adjunto a un músico mediocre, Josef Hellmersberger.








A finales de 1901 se produce un hecho decisivo en su vida: conoce a Alma Schindler, una joven de 22 años e hija del pintor Jakob Schindler. La influencia de Alma en el proceso compositivo de Mahler fue notable, sobre todo en la elaboración de las sinfonías 5, 6, y 8. Durante sus años Mahler entabló una buena amistad con Schönberg, Berg, Webern y Richard Strauss. En el transcurso de los últimos años Mahler tuvo algunas dificultades por las espartanas condiciones de trabajo que el compositor había impuesto  en la ópera. Finalmente, el 17 de mayo de 1907, Mahler presentó su dimisión.


Mahler mundialmente consagrado como  director de orquesta, firma en junio de 1907 un contrato con el Metropolitan Ópera house de Nueva York, pero aparece la desgracia en el matrimonio Mahler, y de manera imprevista fallece su hija María, de apenas cinco años de edad. Como consecuencia de este duro golpe Mahler se somete a unos estudios médicos, en la que se le detecta una endocarditis aguda, prescribiéndole un drástico cambio de vida.  Entre diciembre de 1907 y mayo de 1908 Mahler estuvo en gira por América, con sonados triunfos. De regreso en Europa, el 11 de septiembre de 1908, estrena en Praga su Séptima Sinfonía, para retornar a América, en donde rechaza la titularidad de la Filarmónica de Nueva York, aunque firmó para  dirigir con la misma agrupación  numerosos conciertos en el transcurso de tres temporadas. En 1910 pareció estar restablecido de su dolecia, viajando por toda Europa y estrenando su Octava Sinfonía en Munich. Sin embargo, luego de otra crisis cardíaca, falleció el 18 de mayo de 1911, en Viena.










Mahler, principalmente conocido como director de orquesta en su época, componía durante su tiempo libre,  generalmente durante sus vacaciones de verano. Su estilo es romántico tardío, aunque expandió la orquesta tanto en sonido como en tamaño. Sus sinfonías parecen obras teatrales en las que existe la sensación  de una clara secuencia de acontecimientos. Lo trágico, sarcástico, irónico y paródico se refleja  en una magistral belleza en sus obras, que suelen respirar  el tenso ambiente de angustia de finales del siglo XIX. 


Su música cayó en el más profundo ostracismo después de su muerte, debido a la oposición de la Alemania nazi contra todo lo que oliese a músico judío. Solo en la segunda mitad del siglo XX su legado compositivo adquirió una más que justa popularidad y reconocimiento. Es el último gran sinfonista vienésy su ciclo sinfónico constituye una de las mejores y más completas integrales de la historia de la música  occidental. Actualmente Mahler es considerado un enlace entre la tradición germánia del siglo XIX y el modernismo del siglo XX.


RESUMIENDO, SUS OBRAS SON:



  • Diez sinfonías (la décima concluida por Derek Cooke)
  • La canción del lamento
  • La canción de la tierra
  • Canciones de un caminante errante
  • Canciones a la muerte de los niños
  • Varias docenas de canciones con piano
  • Música de cámara (obras de juventud e inmaduras)










 


2 comentarios:

  1. No todo es trágico en Mahler, la 4ª Sinfonía, que yo denominaría "La ecológica", comienza con un paseo en calesa, suenan los cascabeles de la yegua y todo, a través de unos campos nevados -¡lo que es la sinestesia!- y termina con San Antonio hablando a los peces, jajaja
    Besos

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  2. Cierto, Su cuarta Sinfonía suele ser más bien lírica que dramática (como lo es mucha de su música). Es, asimismo una de sus sinfonías más íntimas, en donde se nota cierta vuelta (o reencuentro) con la época del clasicismo.
    Besos

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